Guía, repaso y evaluación de lo que sucedió en los primeros episodios de los principales títulos
Para las comparaciones odiosas : The Event (Universal) es menos Lost que 24 , y a esta última sólo la une una postura más bien pesimista acerca de los gobiernos y su preocupación por el bienestar del ciudadano común. Aquí la gracia -dado que no hay personajes, sino mínimos arquetipos que propulsan la acción en un infatigable dínamo narrativo- es adivinar de dónde vendrá la próxima vuelta de tuerca en la conspiración por mantener en silencio el acontecimiento del título: la desaparición en pleno vuelo de un avión de línea a punto de estrellarse contra el presidente latino de los Estados Unidos (por alguna razón, no un latino sino Blair Underwood). No hay que ser un paranoico recibido para saber que la misteriosa Sofía (Laura Innes) sabe mucho más de lo que dijo hasta el momento sobre quienes tendrían la capacidad de provocar el "evento". Aunque hay dudas sobre la capacidad de la ficción de sostener el envión a largo plazo (el estado de paroxismo constante puede llegar a agotar al espectador), The Event puede triunfar donde Flash Forward fracasó.
Una familia más bien ordinaria. Había bastantes expectativas sobre No Ordinary Family (Sony) esta comedia de acción sobre una familia que descubre que tiene poderes sobrehumanos, capaz de entusiasmar al siempre vilipendiado público familiar. Lamentablemente, la serie no sabe bien qué contar (¿sitcom? ¿policial?) ni cómo -diálogo selecto: "con mi supervelocidad, ahora puedo acompañar a mis hijos y hacer bien mi trabajo, y con mi marido hasta tuvimos tiempo para encontrarnos como pareja", dice la madre en un tramo particularmente obtuso. Su estrella, el feroz Michael Chiklis de The Shield (atrapado en una versión desdentada del Mr. Increíble de la película de Pixar), merecería, ya que no una idea original, al menos una mejor. Una lástima.
La otra isla Hawaii Five-0 (Liv) es, por mucho, el piloto mejor producido de esta temporada: atractivas imágenes, un guión prolijo y contundente y una equilibrada mezcla del pintoresquismo de sus exteriores con el policial de alta tecnología (el libro es de Alex Kurtzman y Roberto Orci, aquellos de Star Trek y Fringe ). Esta adrenalínica remake del policial de los 70, ahora sobre un equipo interdisciplinario que combate el crimen en Hawaii sin rendir cuentas más que a la gobernadora (Jean Smart) es uno de esos ciclos que, aunque nunca harán olas con la crítica por su falta de originalidad, siempre serán una parada agradable para el espectador en busca de emociones fuertes. Después de varios intentos, Alex O´Loughlin - Moonlight, Three Rivers - parece haber encontrado la serie que lo hará una estrella. Scott Caan, como su duro ladero Danno, desesperado por no perder terreno ante el padrastro millonario de su hija, ya debería serlo (Y sí, el villano Hesse es un irreconocible James Marsters, el Spike de Buffy ).
El dilema de los mafiosos. BoardwalkEmpire (HBO) no la tiene fácil: Los Soprano proyecta un cono de sombra inmensa sobre la mayoría de los dramas de autor años después de su conclusión. La vara es aún más alta a la hora de atacar nuevamente a la mafia ítalonorteamericana y su considerable aporte a la historia de su país, algo que su creador, Terence Winter, plantea a través de la figura del "dueño" de Atlantic City, Nucky Thompson (un hábil Steve Buscemi), puntero político que debe aliarse con las distintas familias criminales para sostenerse en el poder durante la ley seca, que derrama millones en este modesto destino vacacional. Es cierto que todo lo que hace bien la serie ya fue hecho con anterioridad y un poco más sutilmente por Tony Soprano y compañía. Pero no quiere decir que no esté bien: personajes adultos con conflictos bien desarrollados, un punto de vista complejo acerca del "sistema" y los deberes morales del Estado y sus ciudadanos, y una reconstrucción de época pocas veces vista en la pantalla chica. Boardwalk merece paciencia: toma vuelo propio con el correr de los capítulos, lo suficiente como para intrigarnos por su destino final.
Magia y ciencia. No hay mucho que una a Haven con Caprica, los dos adictivos estrenos del remozado SyFy (indistinguible, salvo gráficamente, del viejo SciFi), pero, a pesar de sus diferencias, en ambos casos narran la llegada de un forastero a un mundo cerrado, un Otro que trae la llave para su salvación/destrucción. En la primera serie, la acción transcurre en Maine, dominio de Stephen King, cuyas reglas se aplican a esta serie -sobre su novela Colorado Kid - sobre un tranquilo pueblo costero al que regresan los Problemas: una epidemia de vecinos con afecciones mágicas que, nada casualmente, también atraparán en sus redes a una agente del FBI (Emily Rose, un descubrimiento) que cree encontrar allí la clave para conocer su identidad. Una serie ligera, con tono zumbón y un dejo de Twin Peaks . En Caprica , el particular mundo que descorre su velo es el de la decadente sociedad del planeta del título, donde el abogado Joseph Adama (Esai Morales), de una familia inmigrante con lazos con la mafia, proveerá la forma de que el millonario científico Daniel Graystone (Eric Stoltz) resucite a su hija Zoe (Alessandra Torresani), como el primer cylon . Es ciencia ficción pura, dura y nihilista: los seguidores de Battlestar Galactica saben que nada bueno saldrá de todo esto. Pero vale la pena, incluso para los aversos al género, por la cantidad de ideas provocadoras que contiene acerca de la religión, la política y lo que es ser verdaderamente humano.