La señal de TV paga Discovery Kids creó una interesante instalación interactiva para los chicos
Descubrir fósiles de dinosaurios, aprender a reciclar los desechos en lugar de dejarlos tirados en la naturaleza, reconocer los animales de selvas, mares y regiones polares, incursionar en el antiguo Egipto o la Grecia clásica: el viaje exploratorio abarca universos muy distintos, siempre desde un abordaje lúdico. La propuesta de juegos interactivos montados por la señal Discovery Kids en Abasto Shopping reproduce su programación.
Desde hace unos años comenzaron a difundirse en la TV paga señales infantiles con una programación que adopta una impronta alternativa a la de los gags a porrazo limpio, el ritmo alocado y las historias edulcoradas en exceso. Es decir, un perfil que podría llamarse políticamente correcto, con una fuerte vertiente educativa, centrada en gran parte en el respeto al medio ambiente y la convivencia con el prójimo. Un rumbo que había marcado la legendaria serie Plaza Sésamo , creada por el titiritero Jim Henson.
En 1996 desembarcaron en América latina Discovery Kids y Nickleodeon, en 2007 se situó en la franja de los más pequeños BabyTV, en tanto que durante unos años se emitió una programación de NatGeo para chicos. Las demás señales infantiles, como DisneyChannel, respondieron incluyendo también nuevos contenidos diseñados sobre esta vertiente de entretenimiento educativo. Y entre nosotros surgió en este sentido Paka Paka, primero como una franja del canal Encuentro y ahora como señal propia de la televisión pública.
En mayor o menor medida existe sin embargo también en estos proyectos la tensión entre productos elaborados, de contenidos interesantes y formatos de calidad, con la exigencia del rating fácil y la adhesión de sponsors que condicionan el mensaje. En particular con los niños, hay ritmos vitales que se violentan con una excitación sensorial constante.
El evento Exploración Discovery Kids exhibe varias facetas atractivas. En particular el desenterramiento del esqueleto de dinosaurio en un arenero, con palas y pinceles, plantea una actividad con objetivo claro que se cumple en forma grupal. Unos descubren el cráneo con sus dientes, otros una pata o la cola, hasta que toma forma el fósil completo, diseñado con cooperación del Museo de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia. La llegada al lugar en un breve trayecto del dinotren aporta emoción a los chicos.
El ingreso en grupos pequeños, con un horario de entrada prefijado al entregarse la entrada, de modo que no hay necesidad de formar largas colas le da un punto de partida apropiado a la propuesta. Los jóvenes guías se muestran bien dispuestos y entrenados para conducir a los niños a través del laberinto interactivo. Y la gratuidad total de todo el recorrido, incluida la foto que se puede bajar de Internet, aporta lo suyo.
Pero aún así, falta espacio y tiempo para poder pasar realmente del ajetreo del shopping al ritmo de la naturaleza. Unos minutos más en cada estación y unos metros cuadrados más para cada una de ellas aportarían mucho. Pero sobre todo se obtendría un salto cualitativo a la selva o el desierto de fantasía si se hubiese previsto un aislamiento acústico, tanto de las múltiples sonoridades del centro comercial como entre cada uno de los juegos. No necesitarían de micrófonos los guías -que aun así corren serio riesgo de quedar afónicos-, habría menos dispersión en los grupos y se lograría un ritmo más pausado.
La propuesta tomaría así más carácter de exploración, sin esa sensación de estar recorriendo a las apuradas una carrera de postas.