¿Podría el magnate Donald Trump quedarse con la Casa Blanca?
WASHINGTON.- Más allá de quien resulte triunfador el próximo día 2, en que se renovarán parcialmente el Capitolio y 37 gobernaciones, tanto demócratas como republicanos toman nota de una corriente más profunda; esto es, la creciente desafección ciudadana con el sistema bipartidista que dominó el último siglo de vida política en este país.
Según la última encuesta de Gallup, el 58% de los electores juzgó "mediocre" o "pésima" la tarea de sus legisladores. Y en el creciente rubro autodefinido como "independiente", el 74% consideró "necesaria" la aparición de una nueva y tercera fuerza política.
No es casual que el sistema empiece a ser desbordado por liderazgos extremos o por movimientos como el Tea Party, que catalizan la frustración popular. O por ensayos de candidatura presidencial extrapartidaria, como la del magnate Donald Trump, quien coquetea con la idea de lanzarse para la Casa Blanca y quedarse, en el futuro, con el puesto que hoy ocupa Barack Obama.
Al margen de la suerte que tengan estas expresiones, no son pocos los que, en estos días, se entusiasman con el debate en torno de una nueva fuerza en el mapa norteamericano. Entre ellos, el columnista de New York Times y premio Pulitzer, Thomas Friedman, quien considera éste un buen momento para que afloren nuevas alternativas.
Pero, según se indicó a lanacion.com, el propio sistema se inmuniza contra cuerpos extraños. Sustentado en el pilar electoral de la mayoría simple, favorece un modelo bipartidista que hace casi imposible que una tercera fuerza tenga posibilidades reales de conquistar la presidencia.
"Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hubo 16 elecciones presidenciales. Y sólo una vez, en 1992, hubo un tercer candidato en contienda (Ross Perot). Sin embargo, en ningún momento fue alternativa seria para conquistar la presidencia", aseguró Nat Silver, el creador de la página FiveThirtyEight.com, una de las más consultadas a la hora de medir las prospecciones electorales a nivel nacional.
Desde este punto de vista, se entiende por qué el Tea Party intenta suerte por adentro del sistema -recostado en el Partido Republicano- y no por fuera. Y también se entiende por qué, entre los guiños que lanza Trump, figura la posibilidad de hacer lo mismo. O tal vez, se lo piense mejor.
Por Silvia Pisani
Especial para lanacion.com desde Washington