Estoy orgulloso de pertenecer, aunque en una pequeña parte, a Eslovenia, un pequeño país muy rico en historia, tradición y buena gente.
Fuimos por primera vez con mi hermana a nuestro segundo país: mis abuelos paternos junto a sus hijos (papá incluido) tuvieron que escapar de la ex Yugoslavia en la Segunda Guerra Mundial. Desde chico siempre tuve el sueño de poder conocer el lugar de mis entrañas y de mi sangre, y pude viajar en junio.
Eslovenia declaró su independencia el 25 de junio de 1991; hasta ese momento fue una de las seis repúblicas de la República Socialista Federal de Yugoslavia. Su territorio es tan sólo de 20.273 km2 y cuenta con 2 millones de habitantes.
Es famosa por sus caballos de pura sangre llamados Lipizaner. La comida es muy rica y variada, ya que existen 40 regiones culinarias en el país. Los antiguos platos tradicionales tienen mucha tradición: en el pasado se cocinaban sólo para la nobleza y la burguesía. Es una tierra de vinos: a nivel mundial está entre los pequeños productores, pero sus vinos son premiados internacionalmente.
La ciudad está rodeada por el río Ljubljanica que le da un marco imponente al castillo (construido en 1511 por orden del duque y más tarde por el emperador Francisco III). Hasta 1814 fue utilizado como cárcel y en 1905 se lo empezó a restaurar. Está sobre una colina, desde donde se ve toda la capital con sus casas y tejas rojas y naranjas.
La catedral de San Nicolás (patrono de la ciudad) empezó a construirse en 1701 por el arquitecto jesuita romano Andrea Pozzo y decorada por los frescos ilusionistas de Giulio Quaglio.
Existen 10.000 grutas subterráneas y gargantas conocidas de las cuales 23 están abiertas al público; la más grande es la de Postojna con 20 km de galerías secas, con aguas corrientes e inundadas. El recorrido se hace en tren por el interior de la cueva para seguir a pie. Primero llegamos a las galerías de la Gruta Antigua descubiertas en 1818, aunque en las paredes se ven firmas del siglo XIII. Es visitada diariamente por 14.000 turistas. La gruta se formó en la piedra calcárea que se originó en el mar hace 70 millones de años.
Cerca de las grutas se encuentra el castillo de Predjama, que está construido en medio de una pared rocosa de 123 metros, impenetrable para los invasores. La leyenda cuenta sobre un caballero que robaba comida desde su castillo para los pobres (una de Robin Hood). Durante mucho tiempo el ejército imperial atacó el castillo, pero no pudo capturarlo. Entonces el comandante del ejército sobornó al enviado del caballero y éste le dijo cuándo y a qué parte del castillo iba su señor (ni más ni menos que al baño). Los cañones, que habían esperado un año apuntando al castillo, dispararon proyectiles de piedra, pero no mataron al caballero, sino que quedó enterrado en los escombros. Esto sucedió en 1483, sus restos descansan al lado de una capilla del siglo XV cerca del castillo donde plantaron un árbol de tilo en su memoria.
El lago de Bled, hermoso y muy famoso, se encuentra sobre una cuenca. En sus aguas, de origen glacial y completamente cristalinas, se practica remo y canotaje. En su centro hay una isla con una iglesia. En la ciudad misma hay un centro de esquí y, tan sólo a ocho kilómetros, hay otro con 19 pistas, y un poco más lejos el terreno para realizar esquí nórdico.
A orillas del lago, desde un acantilado de roca con un castillo medieval se ve toda la cuidad, realmente impactante. Todas las orillas están rodeadas de parques maravillosos con un verde infinito. Se convirtió en un centro turístico con la llegada del ferrocarril y hoy es un lugar de vacaciones con casas, hoteles, campings, aguas termales (en el país existen 87 centros naturales) y cuenta con una gran oferta gastronómica. En los alrededores hay varios pueblos dignos de visitar que se caracterizan por sus montes solitarios, como Vintgar, que es un cañón del río Radovna. En los días claros es posible ver las cimas de los Alpes Julianos.
Las colinas eslovenas bajan hacia el mar Adriático y en uno de los extremos se estableció una ciudad con estrechas y empinadas callejuelas que confluyen en la gran plaza central. Piran ya fue poblado en los tiempos de las tribus ilíricas; en 1283 formaba parte de la República de Venecia. El muro de defensa con las torres fueron construidos en aquella época, y todavía se conserva la puerta principal de la ciudad.
En las infinitas callecitas da gusto perderse: son angostas y con adoquines en las que no entran los autos, las casas están pintadas de diferentes colores. Es simplemente caminar y dejarse llevar. Está muy cerca del límite con Italia y es básicamente una ciudad pesquera, y su gastronomía es abundante en pescado.
Las salinas de Secovije (cerca de la ciudad) son las más septentrionales del Mediterráneo y las únicas que, en parte, conservan el método tradicional de obtención de sal.