La epidermis no vive las vacaciones igual que la mente. Por eso ha llegado el momento de reparar los posibles estragos del verano: exceso de sol, sequedad, abandono, ojeras, fatiga…
Aunque no lo notes, existen diferencias no siempre conocidas entre una piel seca y otra deshidratada. La primera tiene los poros casi cerrados. Son tan finos que impiden la acción de las glándulas sebáceas. Debe cuidarse desde el momento en el que aparecen los signos iniciales, ya que con el paso de los años los síntomas se agravan y las arrugas se instalan antes de lo que se puede imaginar. La piel deshidratada sin embargo, no tiene el grado de humedad necesario, porque le falta el agua. Dentro de ésta se comprenden las pieles mate, que aparecen como apagadas, deslucidas y avejentadas; y las pieles sensibles, en las que las células del estrato córneo no constituyen una barrera protectora contra las agresiones externas, que regulan la pérdida de agua. Las pieles grasas también pueden estar deshidratadas y presentar síntomas de picores, de rojeces y de sequedad. Necesitan texturas muy confortables, con propiedades antinflamatorias, y formuladas sin agentes irritantes.
Tres pasos para que tu piel recupere la frescura perdida tras los excesos veraniegos:
1 Exfoliación: Preparar la epidermis gracias a los productos exfoliantes constituye el primer paso para comenzar la puesta a punto posvacacional. Hay que aplicarlos sobre la tez ligeramente húmeda mediante suaves movimientos circulares. Luego hay que aclarar bien la cara. Pueden utilizarse estos productos hasta tres veces por semana.
2 Hidratación: Los actuales tratamientos cosmético-hidratantes poseen una tecnología tan poderosa y avanzada que han conseguido incluso que las gotitas de agua que normalmente se encuentran en una emulsión, sean de millonésimas de milímetro y permitan que al pasar la luz entre ellas se refleje dando sensación de transparencia y no de liquido blanquecino. Y más aún, que penetren sin masaje entre el cemento intercelular a las mil maravillas, sin dejar aspecto graso, ni brillos. Sin manchar y con sensación de frescura. Así que al comprar un tratamiento de día, no hay que contentarse únicamente con que simplemente hidrate, sino con que la haga duradera y proporcione una acción estimulante y preventiva.
3 Autobronceado: Los de última generación proporcionan un color intenso y ayudan a prolongar el bronceado natural. Se aplican y secan de inmediato. En un abrir y cerrar de ojos, la tez aparece con un tono dorado natural que no mancha ni deja huellas sobre la ropa. Pueden ser incluso en forma de mousse, una textura que ofrece la posibilidad de ser utilizada siempre como algo agradable.