La inflación está, golpea, existe. La inflación corroe los bolsillos de los consumidores.
La inflación arrastra a miles de argentinos abajo de la artificial y borrosa línea de pobreza e indigencia. Negar la inflación, la sola idea de que el dinero del salario o la jubilación alcancen para comprar cada vez menos -entre otras cosas, alimentos- mientras las arcas del Estado engordan al compás de la recaudación impositiva es un crimen entre aquellos que agitan las banderas del progresismo.
"No hay inflación" , "hay un poquito de inflación" , "la inflación no es un tema" . Las palabras públicas del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández; el secretario general de la CGT, Hugo Moyano, y el ministro de Economía, Amado Boudou, durante los últimos meses funcionan como la cabal representación del posicionamiento oficial respecto al tema. El mensaje es claro: está prohibido hablar de inflación.
En cambio, las acciones avanzan por otro carril. En el Gobierno ya habían asegurado una suba para los $ 220 mensuales que reciben 1,9 millones de familias por la asignación universal por hijo. Los detalles están en el presupuesto no votado en el Congreso. Además, la Presidenta otorgó hace un mes $ 500 por única vez a los jubilados que ganan menos de $ 1500. Se trata de una cifra que supera a los que se otorgó en 2009 (de $ 200 a $ 350) en un 42%.
Cada vez más cerca de las negociaciones paritarias, el Gobierno dio luz verde a un aumento salarial de hasta un 18%, una variación muy disímil a la suba de los precios estimados para 2011, según el Ministerio de Economía (en el presupuesto se pronosticó un alza de un 8,9%). Los gremios, incluso los cercanos al oficialismo, exigen hasta un 28% y sugieren el pago de un plus salarial a fines de este mes.
Por otro lado, quedó congelada la intención de la Presidenta de generar la mesa tripartita con empresarios, a los que el Gobierno fustiga por la suba de los precios, y los sindicalistas. El avance de la Justicia sobre Moyano y su familia, sospechados en el escándalo por la mafia de los medicamentos, generó una explosión de ese espacio, nunca realmente consolidado.
Es claro que la inflación preocupa de cara a las elecciones de 2001. Pero, ¿por qué entonces es una palabra prohibida en el diccionario kirchnerista? Pierre Bourdieu, un prestigioso sociólogo francés, escribió alguna vez una frase que ilustra el problema oficial: "Las palabras crean mundos".
El mundo de los símbolos es importante en la política y aún más en el kirchnerismo. Nombrar a la inflación es evocarla, traerla al presente, afirmarla como problema real de los argentinos. Si se tiene en cuenta el pánico que genera la suba de precios después de la experiencia de la hiperinflación, se entiende entonces la tenebrosa misión encargada a Guillermo Moreno a la hora de intervenir el Indec y negar la realidad.
Sólo para ilustrar, el de la inflación no es el único caso en el que las palabras aterran. Los problemas energéticos en la Argentina fueron reconocidos por todos los expertos como "crisis". Pero el Gobierno eludió siempre esa denominación. Algo similar, ocurrió con la muerte de Néstor Kirchner. La Presidenta no volvió a nombrarlo y aludió siempre a "El". Una negación de su muerte, algo así como decir: "Kirchner vive". Todo un discurso simbólico en busca de la mitificación militante.
A pesar de Moreno, el pan subió un 200%; en los últimos quince meses, la carne aumentó un 86% y seguirá incrementándose; brindar en las Fiestas costará un 27% más caro que en 2009; incluso enviar una carta sale un 100% más que el año pasado. Pero esta dispersión avala la negación oficial, cuyo diccionario supone que la inflación es una "suba generalizada de los precios" y no aumentos de algunos productos.
Desde el estudio Bein aclaran con cifras. "Sin la carne, los alimentos aumentaron un 28% (en un año) en vez de 38%; el IPC general aumenta un 19%, en vez del 23%. Los bienes del IPC -excluyendo la carne- suben cerca de 15% y los servicios no regulados cerca de 25%. Con excepción de los servicios regulados (suba de un 10% del índice) y de algunos precios de bienes tecnológicos, todo lo demás aumenta por encima de la inflación internacional", indicaron.
"Específicamente para el rubro Alimentos y Bebidas, nos da que desde abril, en todos los meses, al menos el 70% de los rubros mostraron subas mensuales (lo que claramente evidencia que el fenómeno es generalizado) y no carne-dependiente", explican en LCG, la consultora del ex ministro de Economía, Martín Lousteau.
El Indice de Difusión (ID) de FIEL mide el porcentaje de ítems (sobre un total de 179 desagregados a cinco dígitos) que cada mes suben de precio, bajan o permanecen estables. Según sus expertos, el general siempre está "arriba" de un 70% de aumento [aclaran que el de Alimentos y Bebidas llega, "en algunos meses, a un 80%"].
"Esto es un resultado que no admite dudas: la mayoría de los precios suben mes a mes, y siempre hay alguno que baja (verduras) o que permanece estable (muchas tarifas y los servicios que cambian cada tantos meses)", afirman. Para los expertos nacionales es contundente; existe la inflación. Por lo menos, explicada como le gusta al Gobierno, como un "un aumento general y sostenido" de los precios.
En medio de las renovadas protestas de los trabajadores opuestos a la intervención, el vapuleado Indec dio hoy a conocer el índice de precios al consumidor de noviembre, que reflejó una suba de 0,7% (un 10% en el año). Los expertos privados hablaban de, por lo menos, un incremento mensual de un 1,3% (Buenos Aires City, que además estimó 23,4% en lo que va del año) y de un techo de hasta un 1,6% (Finsoport) o 1,7% (Ecolatina).
Bajo la atenta mirada del ahora cercano Fondo Monetario Internacional (FMI), que revisa la metodología del IPC y el proceso de carga de datos, ¿podría haber sido hoy el día en que el Gobierno se animara, con cifras, a hablar de inflación? Evidentemente, no.
Por Francisco Jueguen
De la redacción de lanacion.com