Si lo que empezó en Soldati y se propagó a otros barrios responde a una lógica, es imposible hallarla en el discurso oficial.
Anoche había cuatro ocupaciones y el riesgo de que se produzcan otras. Y hubo nuevos y violentos incidentes entre okupas y vecinos (ver: Se interrumpió el diálogo político y volvieron las tomas y la violencia). Es un conflicto que se escapó de las manos de todos . El Gobierno repite que ha sido montado para perjudicarlo.
Pero es todo lo que hace .
La estrategia oficial puede resumirse en un solo eslogan: la culpa es de los demás. El problema es que esta vez, desde su misma fuerza, dicen que al menos en parte está dentro del propio gobierno .
Pese a que los dos actores principales identificados son un líder ultra K y un barrabrava de otra agrupación kirchnerista, Fernández y Alak armaron un escenario con la pretensión de demostrar que la protesta de los vecinos está alentada por “punteros del PRO”. Una de dos: o trabajan para el enemigo sin darse cuenta o son infiltrados.
También metieron en esa bolsa a “dirigentes de la provincia” , una manera de nombrar a Duhalde sin nombrarlo. Fernández hasta trajo a cuento la toma de supermercados que precedieron a la caída de De la Rúa. Las vueltas de la política: aquella vez, uno de los acusados había sido él mismo .
El piquetero Luis D’ Elía también denunció a Macri y a Duhalde. Pero sumó a la conspiración a Fernández y a Alak: está claro que el terremoto con epicentro en Soldati estremece el interior profundo del Gobierno . La realidad no cambia porque se la rodee de conspiraciones. Después de 7 años de kirchnerismo, la pobreza real es del 25%. El 36,5% de los trabajadores está en negro. La canasta básica subió un 38% desde enero. Y hay un cuadro de desigualdad que costará revertir, como explica Alcadio Oña (ver: Pobreza y desigualdad: lo que el INDEC no ve, está en el conflicto).
Mucho de todo esto se puede encontrar en Soldati .