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Un drama que vuelve con color y danza
El director de Crónica de un niño solo y Gatica, el mono, regresa a la ficción tras un paréntesis de década y media, con una remake de su clásico El romance del Aniceto y la Francisca.
Una paloma blanca, un buitre, un búho, una gallina. Un gallo. Son aves, algunas de corral, que aparecen en las películas de Fuad Jorge Jury, léase Leonardo Favio.
Los gallos cantan, bailan y dan pelea, hasta el último aliento, como Favio mismo. En realidad, el protagonista de El romance del Aniceto y la Francisca , de cómo quedó trunco, comenzó la tristeza y algunas cosas más , tal extenso título de su segunda película, todavía en blanco y negro, era un gallo. El Cenizo se llamaba, por su color de plumaje. Provenía de un relato escrito por su hermano, Zuhair Jury, en el que se contaba la historia de Aniceto, un compadrito de un pequeño pueblo mendocino, algo gallito, es decir, jactancioso, que primero queda embelesado por la inocencia de una chica menesterosa de infrecuente y frágil inocencia a la que, sin embargo, no duda en traicionar por la seducción de otra igual de bonita pero menos pura. Incluso traicionará a su amigo emplumado, capaz de hacer frente a los picotazos de cualquier contrincante a cambio de alimento y caricias. El problema es que el Aniceto mete la pata. Según Favio, ese personaje al que tanto quiere " es un poco suicida, como Moreira o Gatica". De hecho, los desenlaces de estas tres tragedias, auténticos clásicos del cine argentino, lo demuestran.
Así se expresa el actor, cantante y cineasta legendario, en su oficina, estudio y morada en la que atesora Botón Tolón , el cuento de Constancio C. Vigil que, tal como lo confiesa en diálogo con LA NACION, fue el primer libro que le regalaron en su Luján de Cuyo natal, cuando era chico.
Favio, autor además de Crónica de un niño solo; El dependiente; Juan Moreira; Nazareno Cruz y el lobo - la película más taquillera de la historia del cine nacional, con más de 2,5 millones de espectadores-; Soñar, soñar; Gatica, el mono, y el extenso documental Perón: Sinfonía del sentimiento, volverá mañana a la carga con Aniceto , remake de su viejo clásico de 1966, esta vez bailado, porque los gallos -de cualquier especie- también lo hacen.
"Hace trece años me invitaron al que fue el último cumpleaños de Niní Marshall -hace memoria-, y allí Lino Patalano, un fanático de El romance , me dio la idea de que aquella historia podía convertirse en un ballet." Favio imaginó de inmediato una puesta teatral. Pero la idea no maduró y así, a fines de 2004, nació el proyecto cinematográfico que una vez terminado dedicó a su hermano Horacio, porque era una deuda; a Juan José "Buby" Stagnaro; a Felipe Solá; a Héctor Ricardo García, y a su entrañable amigo Horacio Verbitsky (uno de los pocos que pueden llamarlo Chiquito, su apodo), dice "porque sé que me quieren, porque siempre que los llamo están".
Hernán Piquín, Natalia Pelayo y Alejandra Baldoni (ver aparte) componen los papeles que en la primera versión estuvieron a cargo de Federico Luppi, Elsa Daniel y María Vaner. La banda de sonido incluye composiciones originales de Iván Wyszogrod, pero también otras de Alfredo de Angelis, Los Wawancó y Chopin, este último interpretado por Miguel Angel Estrella. La fotografía, que recuerda las mejores de Vittorio Storaro para Carmen o El amor brujo , de Carlos Saura, es de Alejandro Giuliani, y la escenografía, montada en un hangar de la Fuerza Aérea en Quilmes, de Roberto Samuelle y Aldo Guglielmone.
Favio hace honor a la frase que se escuchó hace más de cuarenta años y hoy vuelve: "Meta vivir nomás", sentencia uno de los personajes acerca de en qué anda el Aniceto cuando la muerte le ronda. "No depende de vos -dice Favio-, sino de que te digan «buenos días» con mala cara."
La vida es sueño
Hace casi tantos años como nació este sueño, Favio le hace frente al cuerpo, al propio, que se le rebela. La batalla no le da respiro, sin embargo lucha imponiéndose metas, inventándose dignidades paso a paso. Tiene mucha fe y aspira, dentro de poco y con sus asistentes Verónica (Muriel) y Chela, a viajar. "Conocer la Palestina, Israel y muy en especial Damasco, la capital de Siria, donde nació papá, de donde vino a los 16 años, donde ahora se tiran tiros como los cowboys... Lo que pasa es que allí mueren en serio", dice.
-¿Cuando hacés una película sos muy obsesivo?
-No sé cómo lo harán los otros. Para mí una película es mi sueño, mi mujer amada... ya que no puedo amar de otra manera.
-¿Es una obsesión que fue creciendo con el paso de los años?
-Fue aumentando. Dios te da determinada posibilidad y le tenés que sacar el máximo de jugo, porque es así. A mayor conocimiento unos dicen que mayor dolor Sí, es cierto, se sufre mucho.
-Suerte que te dedicás al arte y no a la política
-Sería igual de obsesivo. Me estaría preguntando por qué uno se anima a cometer un error cuando se es tan talentoso, tan especialmente elegido. Cuando vos poder dar diez y das ocho, estás pecando.
-Dicen que Leopoldo Torre Nilsson fue tu maestro
-Sí, en la forma de poner una lente, de ver la vida, de no tomarte muchas cosas muy en serio, en la inmensa ternura que tenía, incluso con los técnicos. Aprendí a marcar a los actores de mi madre. Era brillante. Tenía una compañía de radioteatros, que ella misma escribía. La película comenzaba dedicada a ella. Después de que la vi por primera vez decidí sacarla, porque no podría pensar a mi madre en una dedicatoria post mórtem. Debió haber sido antes.
-Volviste a las fuentes
-Tipo Melies Un galpón, la galera y un conejo. "Corré la luna para acá, que está dominando el cielo", gritaba en el hangar. Fue como vivir un sueño, con ese desagüe del principio, ese chorro de agua potente
-Dar con Piquín también tuvo algo de milagroso
-Igual que ocurrió con Luppi. Me había citado con Oscar Ferrigno, pero fijate que cuando fui a verlo al teatro, en la misma obra trabajaba Luppi. Lo vi cruzando el escenario y dije es él. Pobre Ferrigno.
-¿Y tu próxima película?
- El mantel de hule -que tendrá como figura principal a Graciela Borges- sobre mi infancia.
-¿Y después..?
-Primero El mantel de hule .
-En tu cine no se muere fácil
-Es cierto, pero contra la muerte no hay quien pueda, es como inútil pelearla. Más vale utilizarla para algo útil. Todos tenemos una cita en común, ineludible. Por eso soy tan cuidadoso cuando opino sobre algo, sobre mis colegas, porque a esa cita vamos a asistir todos. Perdemos un tiempo maravilloso en utilizar la palabra para joder, para pavear.
-¿Qué le pasa al Aniceto?
-Sufre un profundo dolor, en especial cuando se ve desguarnecido. Francisca era como una especie de mamá, de ternura, de cosa linda. Aniceto no es un tipo sucio para amar: lo hace en forma silvestre, como un animalito, como se debe amar. Cuando ella se va, Aniceto siente un profundo dolor: la atracción animal de Lucía lo fuerza a no aflojar. Pero la muerte está allí, esperándolo.
-Te llevás bien con todos
-En especial en estos últimos años, porque aprendí a sonreír, a comprender a los demás incluso en sus pequeñeces, y en su inmadurez Aprendí mucho.
Por Claudio D. Minghetti
De la Redacción de LA NACION
Fuente
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