El foro iberoamericano se concentró en fijar una cláusula democrática, pero excluyó a Honduras y soslayó a la dictadura cubana
Tras la XX Cumbre Iberoamericana, realizada en Mar del Plata, queda como saldo positivo el establecimiento de 2015 como meta para la alfabetización plena y de 2021 como meta para garantizar la cobertura de la educación primaria y secundaria. Algunos de los mandatarios presentes, sin embargo, han invertido sus intervenciones en aporrear a los Estados Unidos por las filtraciones de WikiLeaks y en establecer una cláusula democrática que contempla la suspensión de aquel Estado miembro que vulnere el orden constitucional. Sobre este punto, no pudo darse peor señal que no haber invitado al presidente de Honduras, Porfirio Lobos, elegido en las urnas, ni haber advertido que en Cuba no hay democracia.
Estas contradicciones son frecuentes desde el nacimiento de estos foros, en 1991, en Guadalajara, México. Es curioso que se pregone el mejor sistema que los seres humanos pudieron concebir y, al mismo tiempo, se tolere una dictadura decrépita, pero, a la vez, con justa razón, se condene indefectiblemente el ineficaz bloqueo comercial instaurado contra la isla por los Estados Unidos.
La sanción del golpe militar contra Manuel Zelaya, en junio de 2009, había sido pública y notoria, así como la condena del conato de golpe que padeció el presidente de Ecuador, Rafael Correa, pero no resulta coherente que se excluya a uno, después de haber sorteado sus dificultades, y se ponga como víctima al otro sin emitir juicio alguno sobre el régimen de los Castro.
En esta edición de la cumbre se despidió Luiz Inacio Lula da Silva, portador de un cálido mensaje de condolencias para Cristina Kirchner por la muerte de su marido, y quedó plasmada la influencia del eje bolivariano sin la presencia de Hugo Chávez, Evo Morales, Daniel Ortega y Raúl Castro, sus principales socios. La presidenta argentina quiso quedar bien con ellos, al despotricar contra el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA), liquidada en 2005 en el mismo balneario, y con aquellos que no comulgan con la obsesión de culpar al "imperio yanqui" de sus propios desatinos.
Fue notoria la ausencia del presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, a raíz de la huelga de los controladores aéreos en su país. El rey Juan Carlos debió firmar entre gallos y medianoche el decreto por el cual se estableció el estado de alarma que permitió la militarización de los aeropuertos y el restablecimiento del tráfico aéreo. Llamativamente, por primera vez ha faltado un mandatario español a estas cumbres y, por primera en 35 años de democracia, se recurre a un decreto de esa envergadura para controlar una situación que se perfilaba caótica. Curiosamente, no faltó el primer ministro de Portugal, José Sócrates, cuyo país está en una situación quizá más delicada que la de España.
Es otra contradicción que España esté envuelta hoy en una crisis fenomenal y que América latina en general goce de una bonanza estupenda gracias al alto precio de las materias primas. Pero no existe mayor incoherencia que la dichosa cláusula democrática, al margen de que no haya situación mejor que haber salido de la espiral fatal de los gobiernos de facto en casi toda la región. Es la Organización de los Estados Americanos (OEA) el organismo que debe velar por esa cláusula, también incluida en la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), el Mercosur y las Naciones Unidas.
¿Es necesario que se movilicen todos los jefes de Estado de la región para debatir sobre un asunto que no requiere discusión alguna? Es público y notorio que, con cláusula democrática o sin ella, todo el continente acordaría no reconocer un gobierno de facto en Ecuador ni en Honduras ni en cualquier otro país que atraviese circunstancias similares y que no hace falta mucho trámite para "suspender al Estado en que se hubiese materializado la ruptura del orden constitucional" hasta que se restablezca. Ahora bien, ¿acaso no se restableció en Honduras? Es paradójico que el régimen cubano firme aquello con lo que no cumple en su propio territorio.
De ser por las metas educativas y la consecuente inclusión social, estas cumbres deberían realizarse con mayor frecuencia. De ser por las deliberaciones de los mandatarios, entonados en su hostilidad contra los Estados Unidos y su recurrente búsqueda de enemigos al acecho en sus propios países, estas cumbres bien podrían espaciarse un poco más en lugar de ser una cita anual en la cual cada uno lleva su libreto y, en esencia, no dejan más que una foto de familia en la cual aparecen los nuevos y posan por última vez los más experimentados, como si de una corporación, ajena al pulso de la calle, se tratase.