La embajadora de Estados Unidos en Buenos Aires, Vilma Socorro Martínez, admitió ayer que a su país le "tomará tiempo" recuperarse de los efectos producidos por la filtración de miles de cables diplomáticos con consideraciones críticas de la diplomacia norteamericana sobre líderes de varios gobiernos, entre ellos, el argentino.
Fue la primera referencia pública de la embajadora a los cables revelados por WikiLeaks. "Entiendo que mucha gente se sienta apenada por lo que está escrito en los informes. Nosotros también", declaró Martínez en un mensaje publicado en la página web de la embajada. Dijo, además, que éste
es un "momento de reflexión" y que Estados Unidos "aprenderá" la lección. No sólo mejorará su seguridad informática; según anunció la embajadora, implementará "cambios en el contenido y la forma de las comunicaciones, en especial en lo que respecta a la mención" de sus "contactos".
Los correos revelaron que, hasta ahora, los diplomáticos eran explícitos a la hora de citar a sus fuentes, que eran identificadas con nombre y apellido, en algunas ocasiones, como autoras de durísimas afirmaciones. Tal es el caso del ex jefe de Gabinete Sergio Massa, a quien se le adjudica en uno de los correos haber dicho que Néstor Kirchner era "un monstruo", "un psicópata" y "un perverso".
"Lamentamos profundamente que información destinada a ser privada haya sido difundida públicamente. Lamentamos especialmente la violación que esto implica a la vida privada de muchas personas", afirmó ayer la embajadora estadounidense, que sostuvo que es clave para su delegación seguir interactuando con "la mayor cantidad de personas posible" en el país.
Su mensaje, titulado "Sobre WikiLeaks y la importancia de las relaciones entre la Argentina y los EE.UU.", afirma que los gobiernos y las instituciones pueden superar adversidades como éstas, pero que su mayor preocupación "se centra en los impactos negativos que esto pudiera tener a nivel personal".
Si bien ésta es la primera declaración de Martínez sobre el caso, voceros de la embajada ya habían lamentado lo ocurrido cuando salieron a la luz los primeros cables, y el jueves pasado la secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, llamó por teléfono a la presidenta Cristina Kirchner para disculparse en persona por las revelaciones. En uno de los correos difundidos, Clinton formulaba interrogantes sobre la salud mental de la Presidenta, preguntaba cómo controlaba sus nervios y su ansiedad, y pedía que le informaran si estaba medicada.
Durante los siete años y medio de gobierno kirchnerista, las relaciones entre Buenos Aires y Washington fueron tormentosas, con roces y recomposiciones constantes. En su comunicado de ayer, Martínez, que lleva poco más de un año en el país, dijo que se sentía "orgullosa" de tener la oportunidad de contribuir a fortalecer el vínculo y se comprometió a "seguir trabajando para construir la mejor relación posible".
"Bajo la administración de Barack Obama, Estados Unidos ha trabajado intensamente para renovar asociaciones positivas y constructivas con todas las naciones del mundo. Creemos que el diálogo y la democracia ofrecen el mejor camino para resolver pacíficamente los desafíos comunes", declaró Martínez. "El incidente WikiLeaks -añadió- constituye un golpe a estos esfuerzos y reconocemos que tomará tiempo recuperarse de sus efectos."
Nuevos riesgos
Además, la embajadora lamentó "profundamente" que información que estaba destinada a ser privada hubiera sido difundida públicamente. Y dijo: "Como muchos otros en el mundo, hemos sido testigos de los beneficios y oportunidades de la revolución en la información, si bien esto nos recuerda que también existen nuevos riesgos para los gobiernos, las empresas y las personas. En cierta manera, proteger la privacidad resulta cada vez más difícil pero no por eso menos importante. Aprenderemos de esto".
Además, Martínez enfatizó lo "absolutamente esencial" que es para la diplomacia "la dimensión humana" y la construcción de vínculos locales. "El respeto mutuo, la cortesía, la confidencialidad y la confianza son vitales para construir esas relaciones", afirmó la embajadora, que dijo que "ésa es una función central de la diplomacia" que Estados Unidos asume "en forma abierta y transparente". El problema, insistió, es que "la confidencialidad de esas comunicaciones debería ser respetada".