Tatuadores tatuados, un encuentro con modas y tendencias en la piel
Tres jornadas, 80 artistas y miles con la nueva onda: más zen y menos rock y fútbol.
Mucha, mucha piel. Transpirada, colorada y, por supuesto, muy ilustrada . Ayer, el clima agradable y fresquito amenizó el pegoteo en el cierre de la 4° edición de Tattoame, un encuentro que reunió a más de 80 artistas del tatuaje y con el correr de tres largas jornadas vio pasar –y posar– a más de 3.500 personas con mucha, mucha piel dibujada, y otra tanta por ilustrar. Este año, la convención se hizo en el Centro Municipal de Exposiciones y contó con otras actividades complementarias, como skate, acrobacias, street art y hasta una inquietante muestra de fotos que se hicieron inspiradas en los siete pecados capitales... y con mucha lujuria.
“Esta convención fue ideal para conocer a los tatuadores más famosos, argentinos y del extranjero, y hasta para hacerse un trabajo con ellos acá mismo. Hubo más de 80 stands y todos estuvieron llenos de gente tatuándose”, contó Willy, uno de los organizadores del encuentro, y amigo de todos los “artistas” que fueron convocados para este evento. “Vinieron los mejores, muchos de los referentes, como Fernando Alemán, Hernán Coretta, que es el que tatuó a Tinelli, y los chicos de Big Family, vinieron muchos”, aseguró.
Sabe de qué habla: fanático de los tattoos desde los veintipico, hoy, a los 36, ostenta el 90% de su cuerpo dibujado. Su piel es un muestrario de los distintos momentos que pasó en su vida. Y su palabra, una guía para saber en qué modas se apoya por estos días este antiquísimo hábito de pintarse y dibujarse la piel: según Willy, hoy ya no se ven ni delfines inquietos ni el logo de una banda de rock tipo Almafuerte o V8. Mucho menos el escudo de Racing. Es que la moda de los tatuajes –asegura– ya no sigue ni al rock ni al fútbol , sino que va por otro camino, mucho más oriental. Más zen. Tal vez una ola gigante y un par de grandes peces en el brazo izquierdo, como los que se hizo Tinelli. O quizás un tigre feroz en un hombro y una flor de loto en el otro, por lo que se vio en la convención. Como mucho, una Kitty rodeada de estrellitas.
Ayer, muchos aprovecharon el cierre de este evento para hacerse un tatuaje o agregarse otro más (todos con material descartable, regla básica). El precio variaba de acuerdo al tamaño, pero, se sabe, no es nada barato: de cien para arriba. Otros, en cambio, prefirieron probar con el rubro de moda: la perforación . Entre los que ayer hacían este trabajo estaba Zero. “Era una fiesta. Estuve haciendo expansiones y lenguas. Hace siete años que me dedico profesionalmente a esto, es mi vida”, explicó. Hoy tiene 28 y desde hace siete que se dedica al rubro. A su lado, Oscar Zabala, también perforador, explicó que el trabajo se hace mucho en el país pero todavía no tiene una legislación que lo contenga, algo que ayer se pidió varias veces en la convención. “Estamos atrasados quince años en las reglas, afuera es más fácil, acá abrimos una lengua y todavía es ‘guau’, y hasta los insumos son más caros. Pero esto es un arte, incluso más viejo que los tatuajes”, contó Oscar, que tiene, además, el 60% del cuerpo tatuado y va por más. “Y sí, en vez de ir al cine, ahora nos tatuamos. Ya no hay nada que nos sorprenda”, disparó. ¿Duele perforarse? para Zero sí, duele, pero es un placer: “El dolor es una sensación, que acá se puede llevar a satisfacción, sin ser masoquista”, concluyó.