Crítica Falstaff. El Colón cierra su temporada con una notable realización escénica y musical de la gran comedia de Verdi.
Así como los finales de las composiciones (con esos casos tan particulares como el de la Sexta sinfonía de Chaicovski, donde el autor se redimió de tantas construcciones forzadísimas; o el de la Novena de Mahler, la extinción misma; o el del Cuarto cuarteto de Schoenberg, cortado a cuchilllo) constituyen un significativo capítulo de la historia musical, no menos fascinante es el tema de los finales como coronación, ya no de una pieza, sino de una obra entera o de una vida.
Aun cuando se manifieste de maneras diferentes, lo “tardío” en arte no es un concepto inespecífica. T. W. Adorno le dio un estatuto filosófico en su famoso ensayo sobre el último estilo de Beethoven, y Edward Said lo actualizó con belleza en su ensayo (significativamente póstumo) Sobre el estilo tardío . Por supuesto, en este libro no podía faltar una referencia a Falstaff , la última ópera de Verdi, caso extremo de forma tardía en su radical singularidad, aunque en las antípodas de la introspectiva y reconcentrada expresión beethoveniana y más en el estilo de un salto de juventud; de un salto de juventud hacia un dominio nuevo, casi desconocido: el de una ópera de voces orquestales, casi sin arias o números notables, que se arma y se desarma todo el tiempo, y cuya levedad continúa sorprendiendo, e incluso conmoviendo como cierre de una extraordinaria experiencia artítistica y humana.
Y esa cualidad leve, evanescente, sobrevive logradamente en la presente realización escénica y musical del Colón. La puesta de Roberto Oswald trabaja sobre fondos de noble diseño, expresivos y a la vez despojados, con un criterio histórico bastante claro en el vestuario y en las terminaciones en madera rústica que evocan la Inglaterra del siglo XVI. Es como si el escenógrafo su hubiese puesto por completo al servicio del dramaturgo (ambos reunidos en la misma persona de Oswald), reservándose la gran revelación visual para el aquelarre final, con ese maravilloso bosque nocturno que restituye todo el cromatismo sustraído previamente.
La realización cuenta con un elenco muy profesional. Lo encabeza el bajo italiano Alberto Mastromarino, formidable musical y actoralmente, aunque no sorprende menos la soprano rusa Elena Pankratova como Mrs. Alice, a cuyas impresionantes dotes vocales suma un tono de comadrona inmejorable. Mr. Ford fue el tercer extranjero del elenco: el barítono checho Vladimir Chmelo, de notable actuación. Los locales no desentonaron, empezando por Fabiola Masino (Nanneta) y Darío Schmunk (Fenton), sólidos ambos; completan la lista Graciela Alperyn (Mrs. Quickly), María Luján Mirabeli (Mrs. Page), Carlos Natale (Dr. Cajus), Gabriel Renaud (Bardolfo) y Mario de Salvo (Pistola).
Pero, como suele decirse, la orquesta es la gran protagonista de esta comedia de Verdi, y el trabajo del italiano Marco Guidarini fue impecable, tanto por el rendimiento de la Estable como el enfoque general. Unas erráticas afinaciones en los violines, especialmente sobre la mitad del tercer acto, no empañaron el resultado global. Los coros Estable y de Niños cumplieron muy bien lo suyo.
INFORMACION
Falstaff
Autor Giusppe Verdi Director Marco Guidarini regie, escenografia y luces Roberto Oswald vestuario Aníbal Lápiz sala Teatro Colón, sábado 27. Repite martes 30, viernes 3 y domingo 5.