Detesto el spam por sobre todas las cosas. No me parece una conducta inofensiva ni una consecuencia natural del e-mail. Es como si un desconocido robara la llave de mi casa y se metiera en mi dormitorio a venderme un producto que no quiero o a pegar afiches de su evento en la pared. Cualquier cosa menos inofensivo y natural. El spam es manipulador, es violento, es invasivo, es ilegal, es indigno.
A esta altura, no puedo creer que alguien piense que quienes recibimos su gacetilla tonta vamos a ir a ver su obra de teatro porque nos mandó un mail. Ni hablar de las cadenas de oración llenas de mentiras y supersticiones, de los pedidos de dinero para niños que no están internados en ningún lado, de los avisos de virus apocalípticos que nunca llegan, de los premios fabulosos que tenemos que retirar en un banco de Irlanda, o de las mentiras conspirativas alrededor de productos famosos. Es tan exasperante que ya nadie lo toma en serio. El spam no se lee: se borra y se odia en silencio.
Sin embargo, ¿se dieron cuenta que a pesar de que bloqueamos o borramos esos mails casi todos los días, la tendencia de enviar spam no desaparece? Al contrario. Cada vez hay más y es más vulgar, más oportunista, y más mentiroso que antes. Parece que bloquear no alcanzara porque es acto privado que nadie ve. Mientras los spammers no se enteren de cuánto lo odiamos lo que mandan, van a seguir creyendo que a alguien le puede interesar o convenir que se lo envíen.
Un poco por eso y otro poco por bronca, desde hace un tiempo contesto todo el spam que se pueda responder. Sí, así de loco como se lee. No me alcanza con bloquearlos y sacármelos de encima. Quiero que se enteren de cuánto odio que me envíen sus gacetillas, y si es posible, que sepan que lo que me ofrecen nunca me va a interesar simplemente porque me lo envía un spammer. La respuesta varía en todos los casos, pero en líneas generales es algo así: "Yo jamás te di mi e-mail. Te pido por favor que dejes de torturarme con tu spam intruso y maleducado. No me interesás vos ni tus cachivaches."
Tengo que reconocer que la técnica es delirante, pero efectiva. Casi todos vuelven a escribir pidiendo disculpas o dando explicaciones inverosímiles acerca de cómo consiguieron tus datos. Sólo una porción ínfima de locos se ofende, y algunos, los más chiflados, hasta se animan a pedirte que no les faltes el respeto porque están trabajando. Sí, así como leen. Trabajando. Parece que les molesta que yo los interrumpa y los increpe mientras están ocupados robando datos privados, consiguiendo casillas privadas de forma ilegal, redactando gacetillas mentirosas, y mandando información no solicitada a mi e-mail. Qué mala e inoportuna soy. Les voy a tener que pedir disculpas por haberlos incomodado.