La chelista cordobesa viene a presentar su nuevo disco, en el que interpreta una obra fundamental de Elgar
Hace pocos días se anunciaron los premios que entrega la revista inglesa Gramophone , los más prestigiosos de la industria del disco clásico. El jurado, integrado por el equipo de críticos de la publicación, eligió a Sol Gabetta como Artista Joven del Año. La violonchelista cordobesa podría posiblemente haber ganado ese premio en algún año anterior; por ejemplo por sus grabaciones de obras de Dmitri Shostakovich, o por el Concierto en Do mayor de Haydn. Habría sido igualmente justo. Pero para los críticos ingleses el motivo persuasivo e indisputable llegó con su grabación para RCA del Concierto para cello en mi menor, op. 85 , de Edward Elgar, una pieza clave del repertorio para ese instrumento. Ese registro, recién editado localmente y el más contundente de su discografía, tendrá su presentación en Buenos Aires cuando Gabetta toque la obra hoy, a las 20.30, en el Teatro Colón, como parte del abono de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, con dirección de Enrique Arturo Diemecke.
El de Elgar es un concierto en cierto modo ingrato; demanda un altísimo nivel de virtuosismo, pero ese virtuosismo debe ser, podría decirse, invisible, para no opacar la emotividad sin mediaciones de la pieza. Por alguna causa difícil de determinar, la obra les sentó especialmente bien a algunas mujeres, desde Beatrice Harrison, que lo grabó por primera vez con dirección del compositor, hasta los registros de Jacqueline du Pré, ya sea dirigida por John Barbirolli o por Daniel Barenboim. Como si se tratara de una carrera de postas, la primera grabación de Du Pré se hizo en 1965, el año en que murió Harrison. Gabetta pertenece también a ese linaje.
Fuera de serie
Ya desde el principio se nota que su versión es fuera de serie. Nunca sonó más expresivo el recitativo inicial del chelo solo: esos cuatro compases se escuchan realmente como un retrato asfixiante de la desolación, seguramente muy en el espíritu de lo que Elgar tenía en mente cuando los escribió. No menos logrado es el momento en que las violas presentan, casi suspendidas sobre la última nota del chelo, el tema característico de ese primer movimiento, que luego tomará el instrumento solista y se generalizará después a la orquesta. Hay además una afinidad evidente entre la chelista y Mario Venzago, director de la Danish National Symphony. En un fascinante trabajo de zapa, Gabetta consigue cavar siempre un poco más profundamente en cada aparición del tema, volviéndolo una y otra vez más espeso y más melancólico. Esa densidad contrasta luego con la transparencia casi aérea que consigue en los pasajes más veloces del scherzo.
El disco incluye también, de Elgar, Sospiri (escrita originalmente para arpa, órgano y orquesta de cuerdas) y las festivas y ligeras Salut d´amour y La capricieuse , además de dos piezas breves de Antonin Dvorak y Adagio con variazioni de Ottorino Respighi. Por su lado, "Marcatissimo" y "Dolcissimo", las dos partes de The Book , obra del letón Peteris Vasks para chelo solo, no podrían ser más diferentes. La primera, insistente y nerviosa; la segunda, agudamente lírica, con la voz de la propia chelista como eco del instrumento. De algún modo, The Book de Vasks une la última visita de Gabetta a la Argentina, y su nuevo disco, "Dolcissimo", fue el encore de su actuación en el teatro Coliseo hacia fines de mayo, y la obra de la que forma parte ocupa también como bonus el segundo trabajo discográfico de esta edición.
Más allá de consideraciones más o menos técnicas, hay con todo algo en el sonido mismo de Gabetta que no admite una explicación simple. Sólo una parte minúscula del mérito corresponde al chelo G. B. Guadagnini de 1759 que suele tocar; el resto, su fraseo cortante que traza sin embargo una línea continua, su pasmosa afinación, pertenece enteramente a su sensibilidad inteligente y a sus dedos y brazos prodigiosos. Es cierto: se escuchó ese sonido en concierto hace apenas seis meses; pero un sonido así se extraña ya en muy poco tiempo.
Ilustre
Con un perfil más alto que en otras visitas, esta joven cordobesa (de Villa María) de 29 años estuvo anteayer en una librería no sólo firmando autógrafos sino también sorprendiendo a espontáneos espectadores con un minirrecital. Y mañana, a las 18, en el Salón Dorado del Palacio Legislativo, será distinguida como Personalidad Destacada de la Cultura. Según aseguran los organizadores, la chelista volverá a tocar para los presentes.