Robert Downey Jr. Actuar no me produce catarsis, me resulta agotador
Entrevista Recibió a Clarín en pijamas en el hotel donde daba las notas. Tras su adicción a las drogas, en Todo un parto interpreta a un arquitecto muy formal, que nunca probó nada
Más allá de ser un actor “de primera clase internacional”, como lo califican sus directores, Robert Downey Jr. es ante un gran entretenedor. Y puesto a dar una entrevista jamás decepciona. Se espera de él que esté a la altura de las circunstancias y para promocionar su nueva comedia, Todo un parto , atiende a los periodistas nada menos que en pijamas. “Recién me los trajeron al hotel, me parecieron ideales para una jornada de prensa vespertina, creo están a tono con las preguntas que me van a hacer”, ironiza.
Acompaña los pantalones a rayas azules y celestes con una campera deportiva turquesa y un sombrerito azul. Tiene un estilo personal para vestirse, informal y descontracturado.
A los 4 5, el actor está más vigente que nunca, convertido en un ícono mundial asegurador de éxitos de taquilla como las dos Iron Man y Sherlock Holmes . “No siempre fue así, lo recuerdo muy bien. Cuando estás abajo te pegan lindo”, dice como al pasar. Fue mortal antes de convertirse en uno de los dioses del Olimpo hollywoodense y él no hace nada por ocultar los problemas que atravesó cuando fue víctima de una severa adicción a las drogas. Recuperado desde hace muchos años, ahora trata con otro tipo de adicción, la del tabaco. “Había dejado y volví a fumar por el stress de tanto trabajo, pero voy a dejar de nuevo, es fácil, ya lo hice como 100 veces”, bromea.
En Todo un parto , dirigido por Todd Phillips, encarna a un arquitecto muy formal y caracúlico que debe recorrer en auto Estados Unidos de costa a costa desde Atlanta hasta Los Angeles, donde su esposa va a tener su primer bebé. Y el viaje lo realiza con Zack Galifianakis, el comediante que se hizo conocido en ¿Qué pasó ayer? , dirigida también por Phillips. A la manera de Steve Martin y John Candy en Mejor solo que mal acompañado (1987), a Peter (Robert) le toca soportar de todo debido a las peculiaridades de su compañero de viaje, Ethan (Zach).
Mientras promociona esta comedia, el actor filma la secuela de Sherlock Holmes y la tercera parte de Iron Man , más una inclusión de su hombre de hierro, Tony Stark, en un combo de superhéroes de Marvel que estrenará en mayo bajo el título de Los vengadores . Se nota que no le gusta hablar de otras películas salvo de la que está promoviendo y responde con humor a cualquier intento de sacarle un anticipo.
“Hacer una comedia como Todo un parto o Una guerra de película no es un descanso de las grandes películas de acción, ésta también es una gran película llena de complejidades. Hacer reír no es menos extenuante que levantar un avión con una mano”, asegura. Se divierte recordando una escena en la que deben reingresar a los Estados Unidos después de haber cruzado la frontera de México por equivocación. “Nos reímos mucho ante la idea de entrar ilegalmente a un país medianamente fascista como el mío”.
Dice Downey Jr. que para entretenerse juega al metegol con su hijo Indio (17). “Lo malo es que yo le enseñé y ahora me gana”, se resigna. Acaba de salir una nota suya en la revista Playboy donde explica que ha hecho una dieta desintoxicante. Pero quiere aclarar que ese tratamiento no incluyó “ni incluirá” ninguna enema. Felizmente casado desde 2005 con Susan Downey, productora ejecutiva de Sherlock Holmes , hasta se anima a planear otra paternidad, pero para más adelante. Volvió trabajar en equipo con ella en Londres, donde está finiquitando la secuela de Holmes.
¿Es mas fácil o más difícil hacer una película cuando la productora es tu esposa? Susan es mi productora favorita y también mi mujer favorita. Dormimos juntos lo más seguido posible, siempre que no esté disgustada conmigo, y creo que ésta es una situación ideal. Puede que en algún momento nos estresemos, a veces la alegría se va por un rato en medio de las presiones de un día de trabajo, pero ella ha estado haciendo lo suyo por mucho tiempo, yo soy más viejo que las colinas de Hollywood y resulta que hacemos bebés juntos. Digamos que preferimos estar en la compañía del otro más que separados.
¿Te resulta irónico que en esta película te toque interpretar un personaje que nunca ha probado drogas y que se ofende porque el compañero de ruta fuma marihuana? Soy un poco ingenuo con respecto a las drogas ahora, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que las probé, ya no pienso en eso. Aunque vivo en Venice Beach y siento el aroma del porro a diario ya ni me acuerdo cómo era eso de estar fumado. ¿Es todavía divertido? Sé que ahora es medicinal. Por suerte he sido alejado de un destino cruel e injusto y soy un hombre nuevo. Si estoy actuando y me dicen que mi personaje nunca tomó drogas me posesiono y trato de pensar así. Claro que va a haber algún espectador pensando que estaba drogado mientras filmaba la escena. Siempre pasa.
Hiciste un esfuerzo para filmar esta película en medio de varias superproducciones. ¿Es un remanso el humor entre tanta testosterona? Me parece importante mostrar cuan versátil puedo ser, porque te perciben de una manera, que creo que es incorrecta aunque sea verdadera, porque uno tiene más profundidad y complejidad que lo que se ve en la superficie. Me gustan este tipo de comedias porque el público no sólo te conoce más a vos, sino que también se conoce más a si mismo. Llevás gente con vos a lo largo de este viaje.
Tu personaje es bastante intolerante, escupís a un perro, le pegás a un chico. Zach dice que sólo vos podés salir indemne de eso. ¿Cómo lo ves? Fue una gran catarsis, no lo niego. Es un privilegio estar encerrado dentro de un personaje tan tortuoso. Fue como haber hecho una sesión de terapia de dos meses en la que largué toda la rabia acumulada en una vida. No sé cómo lo tomará la gente, no me perdonan todo. De hecho, en la zona rural la gente parecía más feliz de conectarse con Zach que conmigo. He tenido muchas vidas antes y hay parte del público que se ha quedado con aquellas viejas percepciones. Actuar no me produce catarsis, me resulta agotador. Pero hacer una película correctamente es la salvación.
Por Silvia Maestrutti Los Angeles Especial Para Clarín