Las Invernadas, una estancia agrícola que recibe a turistas para descansar o celebrar una boda
La estancia Las Invernadas es uno de esos lugares a los que llegar forma parte del viaje. Porque está algo lejos de Buenos Aires, en Pergamino, a 237 km sobre la RN 8 y el camino se vuelve finito y ondulado, atravesando pueblos encantados y perdidos en el tiempo. A veces se vuelve aún más lento por los camiones, pero qué importa, quién nos apura... A no ser que el viajero venga desde Rosario o San Antonio de Areco, entonces sí las distancias se acortan.
Hace doce años que Gustavo Breuer Moreno, con 62, abrió las puertas de su estancia al turismo. Después vinieron las fiestas de cumpleaños y casamientos que dieron lugar a la ampliación de una gran carpa convertida en salón con calefacción para 500 personas y, más tarde, el lugar para los chicos de los colegios que quieran hacer aquí su experiencia campestre. Para ellos hay vestuarios con 11 duchas y una cocina en desuso para cuando llegan y se preparan comida.
El aire bucólico de todo el entorno forma parte del espíritu de la estancia de 140 hectáreas dedicada al cultivo de soja, engorde de ganado y al turismo.
"Desde San Antonio de Areco hasta Rosario y Venado Tuerto casi no hay oferta de lugares donde celebrar en el campo o hacer alguna reunión empresarial. Nosotros contamos con toda la tecnología para poder hacerlo: Wi-Fi, proyector, etcétera", expresa Breuer Moreno, que dice que cuando nació, su papá lo llevó al campo y lo apoyó sobre la tierra para que nunca olvidara sus orígenes.
Un poco de historia
Gustavo cuenta que Juan Bautista Ruiz compró una fracción de campo con casco a Miguel Olmos en 1826 y anexó dos fracciones pertenecientes al Estado. Dicha propiedad se llamaba Santa Rita y contaba con 4750 ha. En 1851 se anexó La Atalaya (5424 ha), y La Floresta (3400 ha). En total sumaban 13.574 hectáreas.
Luego, las familias numerosas y las subdivisiones hicieron que en 1911 Carmen Ruiz Moreno de Moreno heredara La Atalaya en 9 fracciones: una es el puesto Las Invernadas (300 ha) destinada a Gustavo y Carmen Breuer Moreno.
La zona de Pergamino, cabecera del partido homónimo y Capital Nacional de la Semilla desde 1997, posee tierras excelentes para la actividad agrícola-ganadera: se encuentran entre las más rentables de la Argentina y la ciudad es uno de los vértices del llamado triángulo agrario, junto con Rosario y Venado Tuerto.
Estos últimos años toda la zona tuvo un crecimiento vertiginoso. Tanto es así que la cadena Howard Johnson construiría en Pergamino un hotel de gran magnitud en un predio en la intersección de las rutas 32 y 188.
Volviendo al campo, el parque de estilo inglés diseñado por Adam Ezcurra posee árboles de más de cien años como los cuatro robles, dos en pie y dos caídos producto de la última gran inundación hace siete años. Se ve el campo desde todos los rincones, no existen las avenidas de árboles a lo Thays. Las plantas están muy cuidadas; sobresale una gran pileta que próximamente estará lista para ser utilizada.
Un poco más lejos, la cancha de fútbol y también una serie de juegos de supervivencia son la excusa para que jueguen los chicos que vienen con los colegios a acampar. La cancha de bochas, aunque un tanto venida a menos, se encuentra utilizable.
También hay animales en una suerte de jaulas-granja con gansos, gallinas, pavos reales, patos criollos, burros y caballos. Las cabalgatas son otro clásico del sitio, siempre dentro del establecimiento, con más de 50 animales. De hecho, el sobrino de Gustavo, Ernesto Breuer Moreno, realiza la llamada doma india o sin violencia.
En la estancia recibe Griselda Benavídez. Ella se ocupa de todo, hasta de comprar el asado para los que llegan a pasar el día y se mantienen en el área del quincho, y también de atender a quienes decidan pernoctar en alguna de las 6 habitaciones de la casa, algunas con baño privado y otras compartido. Para las novias, la casona posee un cuarto en la torre más alta, como en los cuentos.
El casco es antiguo, todo lo confortable que puede ser un refugio de fin de semana en el campo en el que vive gente todo el año. Este detalle marca la diferencia para los que llegan desde Buenos Aires.