El modelo más chico de los cuatro anillos le hace honor a la marca. Tiene motor naftero 1.4 de 122 CV, mucho confort y excelente seguridad
No hay duda alguna; en la vocación de constante crecimiento del grupo Volkswagen, que aspira a convertirse en los próximos años en el mayor constructor de automóviles del mundo, la marca Audi juega un papel fundamental.
En los últimos años, la casa de los cuatro anillos realizó un notable desarrollo de productos y da dura pelea en el segmento de lujo.
Desde los 4x4 hasta los superdeportivos, pasando por las grandes berlinas, Audi supo transmitir a los usuarios que siempre está a la vanguardia tecnológica.
Ahora, la marca completa su menú con el más chico de la familia: el A1.
Los primeros esbozos del A1 se vieron en el Salón de Tokio de 2007 cuando se mostró el concept car A1 project quattro, cuyas líneas son similares al modelo que ahora se produce en serie; un segundo anticipo, también como concept car, fue el A1 Sportback develado en el Salón de París de 2008, aunque en este caso era un modelo de cinco puertas.
Finalmente, en el Salón de Ginebra de este año, se conoció al A1. Allí, en el stand de Audi pudimos conocerlo en todos sus detalles. Pero claro, lo más importante de un auto es su funcionamiento. Y ahora, en Buenos Aires, llegó el momento de conducirlo.
Tiene un diseño compacto y atractivo, que anticipa la dinámica que el auto mostró en la pista.
A nuestro país llegará, por el momento, la versión naftera 1.4 de 122 CV de potencia máxima. Habrá dos versiones (Attraction y Ambition), ambas con opciones de caja manual de seis marchas o S-tronic de 7; manejamos la última.
El interior es muy agradable, con materiales de excelente calidad, visualmente y al tacto, y con un look muy juvenil. Buen espacio adelante, reducido para los pasajeros traseros, como en todo subcompacto.
Tablero bien Audi, con relojes redondos para cuentavueltas y velocímetro como nos gusta, con computadora de a bordo en el medio. El motor de 122 CV tiene un empuje sobresaliente, con un par muy plano. Hay en Europa versiones de menor y mayor potencia, pero ésta es muy apropiada para mover los 1200 kg del auto. Acelera con fuerza, pero sin brusquedad, lo que realmente se valora.
Con un pack de suspensiones adaptadas a los caminos de nuestra región y un despeje 150 mm más alto que la versión europea, el A1 va bien apoyado, tanto en las rectas como en las curvas.
La sensación de manejo es muy agradable y transmite mucha seguridad al conductor, ya que el auto va siempre en la dirección deseada.
La marcha es ágil, el habitáculo está bien insonorizado y no se perciben vibraciones. Un párrafo especial merece la caja S-tronic de 7 marchas, de respuestas veloces y eficientes.
Tiene cifras bajas de consumo; en este aspecto es fundamental el sistema start-stop, que cuando el auto se detiene, por ejemplo en un semáforo, apaga el motor y lo vuelve a encender de manera automática para arrancar (cuando se pisa el embrague en el manual o se suelta el freno en el automático).
En el rubro seguridad, el A1 tiene todo lo que se espera de un auto premium: ABS, repartidor electrónico de frenado, airbags frontales, laterales y de cortina, y controles de tracción y estabilidad, entre otros elementos.
Respecto del confort no hay nada para reprochar, tiene todo lo necesario para un viaje placentero. El A1 llega para ampliar la oferta de Audi, ahora con un subcompacto de lujo. No se conoce el precio, pero debería estar por debajo del A3.
La comercialización en Alemania comenzó hace pocas semanas y el lanzamiento en la Argentina se hará antes de fin de año, pero ya empezó la preventa en nuestro país.
El Audi A1 es un auto chico; le espera un futuro grande.