El encuentro creció desde sus inusuales orígenes como parte de las misas de un párroco de pueblo hasta convertirse en el encuentro más importante de Europa
AUCH, Francia.- Estamos acá, en este bello pueblito del sudoeste francés, gracias al cura del lugar. ¿Cómo es esto? Es más o menos así: alguna vez, este señor, que todavía vive, fue incorporando a la misa rutinas circenses. La cosa fue tomando forma y color, seguramente. Ya con forma y color, comenzó a hacerse un festival, naturalmente, de circo. El cura en cuestión parece que tiene una buena cabeza estética (lo que hoy, en el mundillo de las artes, llamaríamos criterio curatorial). Cuentan que cuando hace unos años vino un espectáculo muy de avanzada para su época que generó reacciones muy críticas entre los pobladores, el cura, en su misa, salió a hablar del montaje para defenderlo y para analizar las reacciones de su gente ante lo diferente. Toda esta historia se mezclaba y sintetiza con otra, la del Pop Circus, la escuela del cura. Y toda esa renovación se mezclaba con otra escuela de circo bien tradicional. En ese contexto, tuvo la génesis del Festival Circa que, según muchos, entre ellos la misma Anny Goyer, la directora de la Escuela Nacional de Arte del Circo de Rosny, es el encuentro de circo contemporáneo más importante de Europa.
En medio de este contexto, aparece un tipo supersimpático llamado Marc Fouilland, el actual director de Circa. Marc venía del teatro, pero acá, en este pueblito que cocinan el pato como los dioses, encontró que había muy buena energía alrededor del circo a partir del festival que había creado el cura. Encontró que el circo era la mejor base para conectar a estos pobladores con la cultura contemporánea. "Cuando me vine a Auch, lo que más me importaba era la danza. Pero estando acá me di cuenta de que las cosas pasaban por el circo; entonces, no me quedó otra que aprender y zambullirme en ese mundo. Para ese entonces, la sociedad ya se había apropiado de ese proyecto. Los voluntarios estaban poniendo su tiempo para la realización del festival sin saber el rol fundamental que estaban cumpliendo. De hecho, muchos de ellos ni tienen idea de lo que este festival tiene que ver en lo que se refiere al circo contemporáneo. Entonces, sentí que había que hacer algo con eso", dice en medio de la sede del festival.
Auch tiene otros festivales. ¿Ese mecanismo de apropiación por parte de la población también se da con los otros?
-Sí, tenemos el encuentro de cine y otro acerca de la voz cantada, pero la comunidad en su totalidad está más enganchada con el de circo porque es el más grande. En el resto de Francia, hay muchas acciones públicas alrededor de la cultura, pero acá la gente sabe que si quiere que exista un movimiento cultural tienen que moverse y no esperar mucho del Estado. Cuando yo tomé la dirección, hace más de diez años, el desafío fue mantener el espíritu de lo comunitario, pero profesionalizarlo.
Para Marc, en la escena del circo contemporáneo hay una evolución de formas muy importante. "Y hay una gran variedad de formatos y proposiciones en las cuales el circo está en el corazón del espectáculo y, otras, en las que es un elemento más de una propuesta artística más amplia", comenta.
-En Buenos Aires, el mundo del teatro opera con cierto prejuicio y desconocimiento sobre el circo contemporáneo. ¿Pasa acá también?
-Igual. El arte mayor es la palabra y en el circo la palabra no está siempre. El lenguaje del cuerpo no es suficiente como para transformarnos en un arte mayor. Lo vemos muy bien cuando un artista pide un subsidio. En Francia, en general, como el circo está comprendido dentro del teatro, el mismo equipo de teatro decide sobre él. Para muchos proyectos de circo, la gente de teatro no llega a comprender las particularidades y es muy difícil explicar cuestiones ligadas con la imagen, con el movimiento y con una dialéctica de cosas que cambian en función de la técnica. Por eso hay muchas equivocaciones y del proyecto escrito a lo que se puede ver, hay más variaciones que en un proyecto teatral. Al circo le cuesta explicarse, ésa es la mayor dificultad.
-A juzgar por ciertos parámetros, el circo contemporáneo se está desplazando al lugar que tuvo la danza en la década del ochenta. ¿Por qué es así?
-En Europa lo que sucede es que, en términos administrativos, el circo sigue dependiendo del teatro, aunque siempre pensé que la danza y el circo están más vinculados porque pertenecen al dominio del cuerpo, pero no es así en términos presupuestarios. Desde el punto de vista de la evolución, como decís, la danza tuvo una gran vitalidad hace unos veinte años. Sin embargo, ahora tiene muchas dificultades para encontrar su público. El circo debe aprender de eso. En Francia, está tomando los espacios de programación en los teatros que antes estaban dedicados a la danza. Por eso, hay que estar muy atentos a no encerrarse en una sola estética de circo contemporáneo. En ese punto, la internacionalización del circo para nosotros es fundamental. Me voy a preocupar el día que en Circa no tengamos la discusión sobre si esto es circo o no.
-El próximo año, uno de los ejes del festival será la escena latinoamericana, ¿a qué se debe?
-Fui a Buenos Aires y me interesó mucho. Creo que en esa región está la verdadera forma del circo y el cuestionamiento de hacia dónde se va. Está, diría, como en estado de ebullición, y eso es de una enorme riqueza.
El festival que él dirige termina el sábado. Ante varios espectáculos, cualquiera puede preguntarse si verdaderamente lo que acaba de ver es circo o no. Bien, ahí está la riqueza de este encuentro, que tiene como marco una escenografía pueblerina sumamente atractiva.