Rafael Filippelli recrea en su última película el crimen de Pedro Eugenio Aramburu y el nacimiento de Montoneros
Hay historias a las que el cine argentino les escapa. Algunas son realmente complejas, como la que marcó el nacimiento de Montoneros: el secuestro y la muerte del ex teniente general Pedro Eugenio Aramburu en 1970, quien había respaldado, en 1955, la autoproclamada Revolución Libertadora. Aquel golpe que había derrocado a Juan Domingo Perón e institucionalizado la persecución al peronismo tuvo a Aramburu como presidente de facto entre noviembre de ese año y 1958.
En 2009, Rafael Filippelli ( Música nocturna ) se propuso releer desde el cine un capítulo de La pasión y la excepción, un ensayo de su esposa Beatriz Sarlo que recurría a ese episodio, y podía servir al debate ideológico. El resultado es Secuestro y muerte , la película que abrió el último Bafici y el jueves estrenará Primer Plano.
En mayo de 1970, un pequeño comando de tan sólo cuatro integrantes, decidió secuestrar a Aramburu, a quien recluyeron en el sótano de una casa de campo. Argumentaron que era para "juzgarlo" de forma casi sumaria -como se relató después- por el fusilamiento -en 1956- del militar insurrecto Juan José Valle y un grupo de civiles de orientación peronista, así como la desaparición del cadáver embalsamado de Eva Perón. Con ese hecho, que culminó con el hallazgo del cuerpo de Aramburu y la identificación de los implicados, nacía Montoneros y, al mismo tiempo, cambiaba una vez más la historia del país, camino a la oscuridad más profunda.
Fines y medios
En el film, secuestradores y secuestrado justifican su accionar al argumentar que cumplen con decisiones tomadas por el pueblo, al que dicen representar. Más allá de lo político, tanto el guión como el film, asegura Filippelli, intentan echar una mirada acerca del sinsentido de muchas de las cosas que han marcado a sangre y fuego la historia argentina.
En la película, se adelanta, no se citan los nombres de victimarios ni de la víctima, ni siquiera los de Evita o Perón, y el lugar lleva un nombre inexistente porque, asegura Filippelli, su película terminó convirtiéndose en una ficción sostenida por un hecho histórico, como el ensayo de Sarlo, teniendo como meta el debate ideológico.
El guión fue escrito por Sarlo, Mariano Llinás (el autor de Historias extraordinarias ) y David Oubiña; el montaje es de Alejo Moguillansky y la asistencia de dirección de Inés de Oliveira Cézar, nombres importantes del último cine independiente argentino. Los personajes principales son interpretados por Enrique Piñeyro ("El General"), Alberto Ajaka, Esteban Bigliardi, Matías Umpierrez y Agustina Muñoz.
La sinopsis con la que se presentó el film en el Bafici aporta pistas para la reflexión: "Revolución, venganza y justicia parecen sinónimos". La propuesta de Filippelli anticipa discusión y polémica. "Hace cuarenta años: hechos que casi pertenecen a otro tiempo y a otro país. Sin embargo, no. Todavía tienen ecos en el presente. Permiten pensar no simplemente los «sucedidos», sino las razones que movieron a tres hombres y una mujer para cometer ¿un crimen o un acto de justicia?", dijo la ensayista. "No importan los nombres, sino el impulso que convierte a un secuestro en un largo diálogo donde el condenado a muerte y sus jueces ensayan dos versiones de una misma historia", concluye.