Tengo la suerte de conocer mucha gente. Además de los viajes que se toman por la calle o con el sistema de radiotaxi, tengo clientes particulares. Es así que muchas veces estos me llaman para realizar algún viaje programado con anticipación.
Oportunamente se contactó conmigo la señorita María, representante de la televisión holandesa en el país, y algunas semanas después me convocó para un viaje que deberíamos realizar.
Tomé nota de la hora y fecha para hacer el viaje, que sería con una filmación abordo del taxi. Siempre existe un hilo conductor que conecta las historias. Los que siguen la columna, recordarán cuando cité a la señora oriental nacida en Vietnam y cuyo compañero había venido con ella a Buenos Aires a estudiar bandoneón con el maestro Néstor Marconi.
Entre mi encuentro previo con María y la filmación, tuve la oportunidad de llevar a una señorita de nombre Cristina, de origen cubano, que ya lleva diez años en el país, dando clases particulares a domicilio de inglés.
La relación con el bandoneón es que Cristina ingresó a un edificio ubicado en la avenida del Libertador esquina Ortega y Gasset, y allí vivió el emblema argentino del instrumento identificador de nuestro tango: el maestro Astor Piazzola.
Pasaron unos días y llegó el momento de hacer la filmación. Me encontré con María, el técnico de sonido y el camarógrafo en Lavalle y casi Montevideo. También estaba allí el ejecutante del bandoneón.
Grande fue mi sorpresa cuando me encontré que se trataba de Néstor Marconi, quien junto a Raúl Garelo son los directores de la Orquesta Escuela de Tango "Emilio Balcarce".
Al cabo de un rato y ultimar los preparativos dentro del vehículo, partimos con Néstor Marconi, los dos operarios de la televisión holandesa hacia la localidad de Olivos. Se arregló previamente que durante el trayecto no había que hablar porque todo lo que se filmara y grabara sería con sonido ambiente de las calles y avenidas por las que transitáramos.
El maestro Marconi iba con el bandoneón sobre sus piernas, a su lado el camarógrafo registrando todo y adelante, en el asiento del acompañante, el sonidista con micrófono de caña y un foco muy intenso y especial para iluminar toda la escena hasta que llegáramos a destino.
Esa noche me despedí de Néstor Marconi, expresándole mi placer por haberlo llevado y podido intercambiar algunas palabras, luego de terminada la filmación, quedando en volver a encontrarnos oportunamente.
Días posteriores, me volvió a llamar María para hacer unas nuevas tomas. Ahora se trataba de llevarlo a Néstor Marconi hasta la puerta del Club Español en la calle Bernardo de Irigoyen al 100.
Se filmó su llegada e ingreso al establecimiento y en cuyo interior se harían otras tomas siempre relacionadas con la historia del bandoneón y su influencia en nuestro tango.